Fobias

Son un tipo especial de miedo completamente desproporcionado con la realidad de la situación, que no puede explicarse ni razonarse, que se encuentra más allá del control voluntario y que conduce habitualmente a la evitación de la situación temida. La distinción esencial entre una fobia y una fobia clínica es que esta última perturba seriamente la adaptación al medio en que se desenvuelve la persona.


Las FOBIAS ESPECÍFICAS son unas fobias focales (no generalizadas) causadas por estímulos concretos externos (pájaros, insectos, gatos, altura, oscuridad, tormentas, aviones, lugares cerrados, etc. ...). La experimentación de miedo y las conductas de evitación están limitadas a dichos estímulos.


Tienen una edad de inicio variable (18-45 años) excepto en la de animales o a la sangre que empiezan en la infancia. Son muy frecuentes.


Las fobias sin tratamiento pueden remitir espontáneamente con el transcurso del tiempo en los niños o adolescentes (salvo la fobia escolar), pero no así las de los adultos, que tienden a cronificarse con el tiempo.


La exposición en vivo, gradual o brusca, a los estímulos fóbicos es el tratamiento psicológico más eficaz para hacer frente a las conductas de evitación en los trastornos fóbicos. Cuando no se puede hacer la exposición en vivo, se recurre al entrenamiento en imaginación de presentación de los estímulos fóbicos. La eficacia terapéutica de la terapia de exposición en las fobias específicas está bien demostrada, con una tasa de mejoría clínica significativa del 75%-85% de los casos tratados. No obstante, a este tipo de tratamiento hay que añadir una serie de técnicas de relajación para controlar la respuesta de ansiedad que se da en el momento en el que el individuo se enfrenta al estímulo fóbico.


La FOBIA SOCIAL (también llamada TRASTORNO DE ANSIEDAD SOCIAL), es un temor persistente a ser observado y valorado por los demás, así como por la sensación anticipatoria de humillación y ridículo. Tiene que haber una inmediata manifestación de ansiedad y una respuesta de temor ante la situación fóbica, cada vez que la persona se expone a la misma. Los síntomas físicos son: palpitaciones, temblores, sudoración, tensión muscular, debilidad en el estómago, sequedad de garganta, sensación de frío o calor y presión o dolor de cabeza.


La incidencia a lo largo de la vida es del 13,3% y anual de 7,9% es más frecuente en las mujeres, y la edad de comienzo es entre los 11 y 15 años, siendo difícil que empiece después de los 25 años.


La evolución de la fobia social es crónica, apreciándose pocos cambios en los síntomas, por lo que se atribuye a este trastorno una gran influencia negativa en los aspectos escolares, socio-económicos y afectivos de la vida del paciente.


Se diferencia de la agorafobia (miedo a espacios abiertos) y de las fobias específicas en que además del componente propiamente fóbico, puede incluir un déficit real de habilidades sociales.


En el tratamiento psicológico también se puede utilizar la exposición en imaginación o en vivo a las situaciones fóbicas, pero además se debe dotar a la persona de una serie de habilidades para la interacción social adecuada que contribuyan a hacer frente a la evitación de estas situaciones, así como de técnicas de relajación.


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