Anorexia nerviosa

Se caracteriza por una relación anormal con la comida, que conlleva una pérdida muy grande de peso, deseo obsesivo de adelgazar y una negación de la enfermedad. Hay un rechazo a la forma corporal, alteración en la imagen corporal, y una gran hiperactividad por el temor a engordar. Los pacientes anoréxicos rechazan la posibilidad de ser o llegar a ser obesos, cifran el éxito personal y la aceptación social en el hecho de estar delgados. En las mujeres pospuberales se da la existencia de amenorrea, es decir la ausencia del ciclo menstrual (por lo menos tres meses consecutivos).


La edad de aparición suele ser al final de la niñez, durante la adolescencia y al inicio de la juventud; aunque actualmente ya se pueden dar casos alrededor de los 9 años. Después de estas edades la incidencia es mucho menor.

Suele aparecer asociada a situaciones problemáticas en la comida familiar: dietas en los padres, preocupación por la comida en la infancia etc. También coinciden datos como el de ser excelentes estudiantes, obedientes, poco asertivos, o religiosos.


Se inicia por una falta de control con el tema de la comida, desde no comer nada hasta tomar enormes atracones para provocarse vómitos o intoxicación con medicamentos para conseguir un lavado de estómago. De este modo se incrementan la atención de la familia y de los amigos.


El porcentaje de mortalidad oscila entre el 15% y 14%. El buen pronóstico está asociado a un comienzo temprano (- de 15 años) y un nivel educativo alto, y el malo con el uso voluntario de laxantes, vómitos y rasgos obsesivos.


Para su tratamiento es necesario la participación de un equipo multidisciplinar, formado por psiquiatras, psicólogos, médicos y asistentes sociales, y es conveniente realizarlo dentro de una dinámica de grupo. No obstante, el principal problema para este tratamiento es la negativa del paciente a reconocer que la padece, a aceptar que tiene este problema y a incrementar la ingesta de calorías y por tanto aumentar de peso.

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